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Lavadero "Esquina Tartaja", a mi madre se la ve remangandose la manga del brazo izquierdo. |
El barrio estaba partido por una parcela, dando lugar a los nombres, de barrio arriba y barrio abajo, supongo sería por la diferencia de nivel, a su vez, esta parcela se dedicaba, una parte a la trilla, por tanto el suelo estaba compacto y la otra en verano solía estar en barbecho.
En la segunda, especialmente las noches de luna, nos dedicábamos a correr y a jugar a los pares de porrazos, lo de pares seria, porque peleábamos dos, uno contra otro.
Solíamos finalizar sobre las doce de la noche, después corríamos hasta el caño situado a unos quinientos metros, en el barrio Bolos y procedíamos a desnudarnos y lavarnos lo mejor posible.
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| Nube centrada sobre la Peña y el Porron |
Otra de las cuestiones que recuerdo con cierto espanto, eran las tormentas, en especial por las noches y mucho más si estábamos de riego. Quizá el motivo fuese, las escenas de pánico que se vivían en los veranos, cuando las hortalizas estaban para cosechar y el granizo amenazaba con desgraciar el trabajo de unos meses y con ello el sustento familiar.
(Lo de los seguros llego mucho después).
Recuerdo a mi madre haciendo ruegos a la virgen , poniendo las trébedes en cruz y lanzando puñados de sal a la calle.
Eran rituales, que en muchos casos como el de mi padre. Cuando hacia la aparición el granizo, calmaba su frustración, acordándose de todos los santos, pero no para darles para felicitarlos.
La descripción que yo haría de aquellas tormentas, difiere bastante de cómo se producen hoy día, ¡Me explico!.
En aquellos tiempos, el amanecer típico de un día de tormenta, se iniciaba con las cabañuelas, una especie de nubes bajas, en algunos casos niebla con problemas de visibilidad y que a media mañana comenzaba a disiparse, dando paso a nubes de evolución, que emergían en el horizonte montañoso, especialmente al Sur-Oeste o sea desde el "Pico", a la "Casa Pegote" .
Al principio emergían con bordes muy definidos y redondeados, entre las niebla de la mañana y a medida que se diluía la nubosidad baja, crecían potentes nubes de evolución, oscuras y ensanchadas en su base.
Sobre el medio día, se iniciaba el ocultamiento del sol y en el tiempo de la siesta, se oían los primero truenos.
Los mayores comenzaban a visitar la esquina de Tartaja, junto al lavadero, para comentar la evolución de la tormenta, comentarios como, "Esta cogida en, "El Porrón" toma fuerza en el "Estrecho" , son ramales de granizo, le están tirando en "El Pozo Cano" se ha partido en el estrecho". los cohetes que le tiran en "Payuelas" la están volviendo et. et...
Algunos de los habituales siguiendo la evolución de las tormentas eran , el Cosme , Pizlan, Juárez .el Porras, el Cojo Toni , Alfredo, Manuel el Pajarero (mi padre) por cierto solía llegar de los últimos, también era de los últimos en resguardarse, cuando ya caían las primeras gotas o granizos.
A veces también se añadían Luis Leona, José Perol, Hermogenes y otros que no recuerdo.
Se contaban historias de tormentas pasadas, y entre todos se analizaba minuciosamente, todos los movimientos de la tempestad.
En las conversaciones y comentarios, solía aparecer, el desgraciado suceso que se produjo en el Barrio Graos cuando un rayo alcanzó a un bebé en brazos de su madre, y no pudieron salvarlo, la madre era la señorita y si no recuerdo mal, era la amante de uno de los que antes se les denominaba señoritos.
Mientras tanto, las mujeres recogían los pollos, las ropas, y todo aquello que pudiese dañarse.
En mi caso, una de mis tareas a corta edad se trataba de recoger las cabras, la mula, y el tapado de las ollas (Sitios excavados en los reseles de los ribazos, y tapados por las noches para proteger los diferentes planteles de hortalizas, tanto de heladas como de granizadas.
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Fiestas del Barrio, 1986.. Mi madre en la puerta, junto al R-11 |
Una vez que los tertulianos se resguardaban en casa debido a las primeras gotas, lo primero que se hacia era desconectar la luz, se cerraban puertas y ventanas y la tensión se apoderaba de las familias. Si se oía algun golpear de granizo sobre los tejados o el suelo, el miedo se convertía en angustia, era sabido que el sustento del año estaba en peligro,
Si por el contrario era lluvia más o menos intensa, los rostros se relajaban .
Hay algo que deseo reseñar por lo estrambótico, era el grito de de Pizlan, un vecino que cuando la tormenta descargaba con la máxima intensidad salía a la calle y en pleno chaparrón lanzaba un potente grito a lo Tarzán, ¡Por cierto!, nunca llegamos a saber si tenía mensaje.
Otra de las cosas que recuerdo del verano, durante las siestas y a pesar de la oposición de los padres, los adolescentes, aprovechamos para ir a bañarnos al Río Mundo o la balsa de Inocente.
Ambas lugares estaban bastante alejadas, pero eran tiempos de juventud y la energía no faltaba.