CRISIS:
Estamos a primeros de abril son las 23 horas.
Llego a casa alrededor de las 19 horas y normalmente paso antes por la oficina en donde últimamente se percibe cierto desanimo.
Por una parte un coordinador frente al ordenador, por otra, unos pocos técnicos de contrato supervivientes de la primera tanda de los despidos y que también han perdido la alegría ante la perspectiva de que si no se produce de inmediato un milagro, sus días en esta empresa están contados, el resto que quedamos en plantilla apenas un par de docenas entre albañiles, maquinistas y encargados asistimos perplejos al derrumbe de las inversiones, único combustible generador de trabajo en esta empresa.

Este pequeño retrato de la situación podría aplicarse a la situación de España en general, donde solo se habla de crisis y corrupción.
Y hay algo que está haciendo mella en mis reflexiones y es, la apatía de gran parte de la juventud que creo que no percibe la gravedad de la situación.
Les veo como atrapados en rebeldías poco fructíferas, para cambiar las cosas a corto o medio plazo.
En cualquier caso mi confusión es total.
Por más que intento entender, me resulta imposible describir mínimamente y con alguna objetividad, cual sería el análisis real de la sociedad de la cual yo formo parte.
Percibo una derecha montaraz sin humildad y una izquierda donde le resulta complicado ser
justa con los débiles, sin molestar a
los poderosos.


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