PASADO

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LA SOBERBIA TIENE UNA HIJA Y ES LA INGRATITUD, (EL QUIJOTE)

domingo, 28 de enero de 2024

CLARISA, 2 / Paseando por mis barrios


El Cosme, hombre entrado en años, ha dedicado buena parte de su vida al esparto, ahora no está  para trabajo tan duro, cuida algunas tierras con ayuda del hijo.
 Una gruesa gorra, con apenas visera cubre parte de su frente arrugada, algún pelo blanco le queda, que se desparrama entre sus orejas y cuello.   El antaño, erguido y corpulento, va dando paso a un cuerpo encorvado y delgado, cara endurecida y seca, a la vez que jovial, cejas gruesas, nariz recta, viste una amplia chaqueta oscura, de abultados bolsillos, pantalón de pana rojiza, y albarcas sobre calcetines gruesos.
Clarisa se muestra atenta y meneando la cola ante Josefa, a la que conoce muy bien, esta no tarda en ponerle un poco de sobras del cocido sobre un pequeño cofin de esparto.
Afuera la tormenta está descargando con fuerza, algunos granizos menudos salpican en la puerta. 



Repuesto el Cosme, de las prisas para refugiarse de la tormenta, ahora está preocupado por el regreso, sabe que la cuesta de la calcina tiene una pendiente considerable,  y podría abrir cárcavas, difíciles 
para la subida del carro cargado..  

  Manuel mira la hora, son casi las 6 de la tarde, de prolongarse la tempestad, volverá noche a casa.

 Bromean con la posibilidad de quedarse en el molino a pasar la noche.   Josefa en tono distendido, dice, en el porchado cabéis todos ,rieron de buena gana.

Un plato de nueces, higos y bellotas pone Josefa sobre la mesa, al momento unos vasos y una botella de brandy, que le sobró en la navidad pasada. 
  Acomodados y conversando en tono jovial, les llegó el final de la lluvia, y un sol rojizo reflejaba el nubarrón camino del mediterráneo a la vez que había formado un espectacular arco iris, de Payuelas a las Minas.
El agua, aún arrastraba tierra y piedras sueltas del camino, despues que los invitados circunstanciales dieran las gracias a la molinera, todos se pusieron en marcha.
 Mientras tanto Josefa retiraba las viandas. 

CONTINUARÁ

sábado, 27 de enero de 2024

CLARISA , 1 / Paseando por mis barrios


    

 Existo, pienso, y expulso ruido incoherente:


  Paseo a Clarisa, mi pequeña y vieja perra, por calles de casas amarillentas, oscuras. agrietadas y tristes, horizontes cercanos, y montes rotos por bajos y oscuros nubarrones, niños que corren a la salida de la escuela, ondeando cabellos sucios y piernas secas.


   ¡Abuelo¡, me rodean y pongo un caramelo en la mano de cada uno, juguetean con la perra, después desaparecen, no sin antes uno de cabellos rubios y un poco canijo, me advierte que pronto lloverá.

 El viento levanta el polvo de calles en tierra, apenas veo, me giro un poco, para frenar la embestida y levantando el costado de la chaqueta y solapa, cobijo la cabeza y me aproximo a la pared del viejo  molino, en ese momento oigo la voz de Josefa.  ¡Manuel parece que llega la tormenta!, Mujer endurecida y severa, hace unos 5 años enviudó y ella con su  hijo, continuaron con el negocio del molino, sus ojos inexpresivos y tristes, dicen mucho de su infortunio, de aspecto corpulento y fuerte, es afable y atenta.

  Las primeras gotas se desprenden del negro nubarrón, junto a la puerta hay un ancho porchado, donde un cliente recién llegado, trata de poner el carro cargado con costales de trigo y a la mula ,bajo techo, lo consigue, no sin algún grito al animal, algo asustado por el ruido de los truenos, Clarisa me mira con cara de susto, tampoco le gustan las tormentas. Josefa me dice que debo quedarme en casa, tiene razón, he salido por sacar a la perra, le contexto. 
  En aquel momento y después de sujetar la mula en una de las anillas, entra por una puerta de interior que da al molino, el Cosme, después del saludo, se extiende comentando lo extraño del tiempo, tan alejados ya del verano. 

CONTINUARÁ:   

APRENDER A VIVIR / APRENDER A MORIR.(RAMIRO CALLE )


Nadie afirma que la vida sea sencilla y no entrañe sus dosis de dolor, pero se puede estimular una actitud adecuada para enfrentarse a las circunstancias adversas sin dejar ni un resquicio al desánimo e incluso aprovecharlas para desarrollar una comprensión vital profunda.





Hay que madurar para salir del estancamiento interior, resolver los conflictos internos, conciliar contradicciones y hallar la fuente interna del bienestar. Aunque las experiencias de la vida lleguen a ser negativas se puede mantener interiormente un espacio reservado para la paz y el equilibrio; así cuando los acontecimientos externos sean dolorosos o difíciles, todavía se puede ejercer poder y control sobre el yo interno.